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La entrada de hoy está dedicada a una mujer que forma parte de la historia de Nueva York  y cuya vida está estrechamente relacionada con uno de sus mayores iconos, el Puente de Brooklyn. Su nombre es Emily Warren Roebling. Esta es su historia:

Nacida en Nueva York el 23 de septiembre de 1843, contrae matrimonio en 1865 con Washington Roebling, un ingeniero civil encargado de dirigir las obras de construcción del Puente de Brooklyn.

Washington Roebling cayó enfermo de Aeroembolismo o “enfermedad de los buzos”,  ocasionada por los cambios de presión en el agua. Como muchos otros obreros, su cuerpo quedó paralizado parcialmente, y la enfermedad le afectó los ojos, los oídos y la voz. Todo ello acompañado de fuertes dolores.

Sus enemigos emprendieron contra él una campaña de desprestigio. Decían que, al estar físicamente impedido, debía ser reemplazado como Ingeniero Jefe. El alcalde de Brooklyn,  llegó incluso  a pedir su renuncia.

Roebling preparó un largo informe en el cual exponía el trabajo realizado hasta el momento. Su mujer Emily dio lectura al informe frente a la Sociedad Norteamericana de Ingenieros Civiles  causando en ellos una honda impresión y logrando el apoyo de los ingenieros . Una buena parte de los planos de construcción, estaban solo en la cabeza de Roebling, este decidió dictárselos a su esposa, que además le ayudó a dibujar los planos.

Atormentado por la enfermedad y los dolores, se detenía, pero al poco reanudaba el trabajo. Su enfermedad avanzaba de manera inexorable.

Emily Roebling, se convirtió en los ojos y los oídos de su marido a pie de obra. Transmitía las instrucciones a los ingenieros y recibía informes de estos. Adquirió los conocimientos necesarios para inspeccionar el trabajo, visitaba la obra todos los días y preparaba informes técnicos acerca de la marcha de la construcción. Así continuaron las cosas durante varios años.

Mientras tanto, Roebling ordenó colocar su cama cerca de una ventana desde la cual podía ver la obra y a los trabajadores con un catalejo. Desde su habitación vio alzarse las torres poco a poco hasta alcanzar 83 metros, casi la altura del chapitel de la iglesia de la Trinidad, el edificio más alto de Nueva York en aquélla época. En la construcción de cada torre se emplearon cinco años.

El 14 de agosto de 1876 un cable de acero unió las dos torres. En ambas orillas,  miles de personas,  aplaudían entusiasmadas. El maestro mecánico E.F. Farrington, cruzo el East River colgado del cable y ayudado por un pequeño motor de vapor. Su travesía duro 22 minutos.

Poco después, se tendió a través del río un puente provisional para los obreros. Se permitía el paso por el mismo a todo aquel que estuviese dispuesto a cruzar el improvisado puente. Una media de 70  personas al día atravesaban el puente provisional que unía ambas orillas. Cuando el puente se balanceaba, algunas personas sentían pánico, y los obreros tenían que acudir al rescate.
Era tal la afluencia de curiosos que el paso por el puente tuvo que ser suspendido, no por el peligro que esto representaba, si no por las molestias que los “visitantes” causaban a los obreros.

El 24 de mayo de 1883, miles de personas se congregaron en ambas orillas del East River para presenciar la apertura del puente. Las autoridades, encabezadas por el presidente Chester Arthur y el  gobernador Grover Cleveland   descendieron de sus carruajes y  caminaron hasta el otro extremo del puente.

Junto al presidente, caminaba una mujer,  Emily Roebling, la mujer  que estuvo durante 11 años representando a su esposo y dirigiendo de forma anónima  la construcción del puente.

Washington Roebling, dijo de su esposa:

Al principio pensé que sucumbiría, pero tuve una inexpugnable torre para apoyarme, mi esposa, una mujer de infinito tacto y mi más sabia consejera”.

Mientras tanto, en el puerto, los cañones de los buques de guerra disparaban salvas como celebración. Más tarde, la comitiva se dirigió a la casa de Roebling para felicitarlo.

Washington Roebling nunca recobró su salud. Sin embargo, murió  con la satisfacción de haber podido cumplir el  sueño de su  padre. Emily falleció el 28 de febrero de 1903. Sirvan estas lineas como homenaje a su labor callada y muy pocas veces reconocida.

Una placa situada en una de las torres  del puente recuerda la memoria de Emily Warren Roebling.