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Manhattan y Brooklyn

Hoy, 24 de mayo de 2013, se cumplen 130 años de la inauguración del Puente de Brooklyn.

Ese día, miles de personas se congregaron en ambas orillas del East River para presenciar la apertura del puente. Las autoridades, encabezadas por el presidente Chester Arthur y el  gobernador Grover Cleveland, descendieron de sus carruajes y  caminaron hasta el otro extremo del puente. Junto a ellos, Emily Roebling, la mujer que dirigió durante once años la construcción del puente.

En su más que centenaria existencia el puente ha sido protagonista de numerosas “historias”. Una de las más curiosas tiene como protagonista a George C. Parker, el hombre que entre 1883 y 1928 vendió el Puente de Brooklyn a cuatro mil quinientos crédulos y codiciosos adinerados. Vendió el puente dos veces por semana durante décadas. Sí, habéis leído bien… dos veces por semana.

Se vende Puente de Brooklyn

Con una ciudad en pleno crecimiento casi nadie tenía demasiado claro qué bienes eran públicos y cuáles no. Por lo tanto, la idea de que un puente pudiese ser de propiedad privada no resultaba tan descabellada.

Parker se presentaba a sus incautas victimas como el constructor del puente y les hablaba de la posibilidad, como propietario, de establecer un peaje para acceder a Manhattan o Brooklyn. Contaba que él no podía hacerse cargo de ello porque lo suyo era la construcción y no tenía interés en explotarlo comercialmente. Es más, estaba dispuesto a “hacer un sacrificio” y vender el puente por debajo de su valor. En la mente de sus codiciosas victimas aparecían los miles de dólares que ganarían con tan lucrativo, y a la vez sencillo, negocio. La mayor parte de ellos mordían el anzuelo y pagaban a Parker por un título de propiedad. Falso, evidentemente.

En muchas ocasiones, los incautos se daban cuenta del engaño cuando construían las cabinas de peaje, siendo advertidos por la policía de que habían sido víctimas de una estafa.

Brooklyn Bridge

Pero, no solo vendió el Puente de Brooklyn. El antiguo Madison Square Garden, el Museo Metropolitano de Arte, la tumba del General Grant o la Estatua de la Libertad también figuraban entre “sus” propiedades.

Parker fue condenado por fraude y falsificación de documentos en tres ocasiones. En la última de ellas, dictada el 17 de diciembre de 1928, fue condenado a cadena perpetua en la prisión de Sing Sing. En 1936, falleció a la edad de sesenta y seis años.

Uno de los estafadores más audaces en la historia de Estados Unidos. Sus “hazañas” llegaron a formar parte de la cultura popular norteamericana (literatura, cine…) e incluso en el lenguaje coloquial estadounidense se dice: “si te crees eso, entonces tengo un puente que venderte”, refiriéndose a una persona demasiado crédula.