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El avión Solar Impulse II tras su despegue el pasado lunes del aeropuerto JFK de Nueva York.

 El avión Solar Impulse II aterrizó el pasado jueves en Sevilla tras cruzar el Atlántico Norte impulsado unicamente por energía solar

Había partido a las 06.00 horas del lunes del aeropuerto JFK de Nueva York. Esta travesía, de casi 6.300 kilómetros, se considera una de las etapas más difíciles de este proyecto cuyo objetivo es dar la vuelta al mundo en un avión abastecido sólo por energía solar, dada su duración, las condiciones meteorológicas y el intenso tráfico aéreo de esta zona del planeta.

El Impulse II, aterrizó en Sevilla escoltado por una pareja de cazas Eurofighter y por la Patrulla Águila, del Ejército del Aire español. Con su llegada a la capital andaluza ha completado la etapa número quince de su vuelta alrededor del planeta, con la que promociona las energías renovables, tras haber volado ya por Omán, India, Myanmar, China, Japón y Estados Unidos.

Un laboratorio volante

El Solar Impulse II (Si2) es mucho más que un avión, es un auténtico laboratorio volante. Es un avión monoplaza realizado en fibra de carbono, con 72 metros de envergadura (mayor que un Boeing 747), y con un peso de 2.300 kilos (equivalente a un coche familiar). Las 17.248 células solares desplegadas sobre sus alas, y las cuatro baterías -de 13,5 kW / 17,17,5 CV cada una- que almacenan la energía solar, propulsan sus hélices únicamente con energía limpia. El avión es capaz, por tanto de ahorrar una considerable cantidad de energía durante el día, que puede usar durante la noche, gracias a sus baterías. Al no necesitar energías basadas en las fuentes fósiles, el Si2 tiene una autonomía de vuelo ilimitada, de manera que “teóricamente, Si2 podría volar indefinidamente, ya que sólo estaría limitado por la resistencia física del piloto.