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Esta noche se celebra Halloween. Una fecha muy propicia para las historias de fantasmas. El año pasado, os relataba en este mismo blog, la trágica historia de Olive Thomas. En esta ocasión, le toca el turno a la estación “fantasma” del hotel Waldorf Astoria.

El Waldorf Astoria, fundado en 1931, es uno de los hoteles más lujosos y con mayor “solera” de la Gran Manzana. Es tan lujoso que incluso cuenta con un andén privado antaño utilizado por altos dignatarios de visita en la ciudad y alojados en el hotel.

Una de esas personalidades, fue nada menos que el carismático Franklin Delano Roosevelt, trigésimo segundo presidente norteamericano. Roosevelt estaba paralizado de cintura para abajo a causa de una poliomielitis contraída a los 39 años. Por este motivo, se desplazaba habitualmente en una silla de ruedas.

Este hecho era desconocido por una buena parte del pueblo norteamericano. En sus apariciones públicas no le gustaba comparecer en silla de ruedas. En estos casos, utilizaba muletas o era sostenido por sus ayudantes. Eran los tiempos de la “Gran depresión” y pensaban que la invalidez del presidente no era acorde con la imagen de fortaleza que se quería mostrar.

El vagón acorazado de Franklin D. Roosevelt se encuentra todavía estacionado en el andén.

El vagón acorazado de Franklin D. Roosevelt se encuentra todavía estacionado en el andén.

El andén privado del Waldorf Astoria le permitía acceder directamente desde su vagón acorazado (ver fotografía) hasta la suite presidencial mediante un ascensor privado.

En realidad, esta plataforma se construyó mucho antes de levantarse el hotel. Fue excavada en 1913, año de construcción de la cercana Grand Central. Era utilizada para el mantenimiento de la inmensa terminal ferroviaria.

Hoy en día, se encuentra en desuso y completamente abandonada. Una auténtica estación “fantasma”. 

Imágenes: Wikimedia Commons