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Robin Williams

Robin Williams no era neoyorquino. Nació el 21 de julio de 1951 en Chicago. Sin embargo, la Gran Manzana estuvo siempre muy ligada a su vida como actor. En esta ciudad dio sus primeros pasos en la interpretación, concretamente en la Juilliard School.

Allí conoció a uno de sus mejores amigos, Christopher Reeve (Superman). Williams fue uno de sus mayores apoyos tras el accidente ecuestre que le dejó postrado en una silla de ruedas. Se ofreció a pagar los costes hospitalarios que el seguro del actor no cubría y se convirtió en uno de los principales contribuyentes a la fundación contra la parálisis creada por Reeve.

Christopher Reeve solia contár con frecuencia que la primera persona que le había hecho reír tras su accidente había sido Robin Williams. Justo antes de una difícil operación, Williams entró en la habitación caracterizado como el doctor Kosevich, el médico ruso con dificultades para hablar inglés que interpretó en la comedia Nueve Meses. El doctor intentaba realizar una proctología al paciente.

Williams y Reeves en Nueva York durante la época en la que ambos estudiaban arte dramático,

Williams y Reeves en Nueva York durante la época en la que ambos estudiaban arte dramático,

Nueva York fue el escenario de varias de sus películas, entre las que destacan “Moscow in the Hudson” (Un ruso en Nueva York, 1984), “Awakenings” (Despertares, 1990), “The Fisher King” (El Rey pescador, 1991), “Night at The Museum” (Noche en el museo, 2006), ambientada en el Museo de Historia Natural, y una de las últimas: “The Angriest Man in Brooklyn” (2014).

Broadway

 

No solo en cine. El actor era un habitual de las salas de Broadway donde con sus monólogos hacia gala de su humor ingenioso y mordaz.

 

 

Como colofón a este pequeño homenaje al actor que tanto nos hizo disfrutar con sus películas, os dejo con un pequeño fragmento de “The Fisher King”. El momento en el que la gente baila en la Main Concourse de Grand Central Terminal  mientras Parry (Robin Williams) observa a su amada entre la multitud.

Descansa en paz ¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!

Como el mismísimo John Keating diría: ¡Carpe Diem!